El plástico es un material sintético, fabricado a partir de polímeros orgánicos, que se ha convertido en esencial en las cadenas de suministro actuales debido a sus propiedades beneficiosas -ligereza, durabilidad y facilidad de moldeado- y a su bajo coste.

Desde la década de 1960, la producción de plástico se ha multiplicado por 20, con una fabricación mundial de 360 millones de toneladas en 2018, el 40% de las cuales se utilizaron para envases (PlasticsEurope, 2019). En consecuencia, los residuos de plástico también han aumentado. En la UE27, los residuos de plástico casi se duplicaron desde 2004; con una cantidad total de 17 millones de toneladas en 2018 (EUROSTAT, 2018). La preocupación mundial por la contaminación por residuos plásticos ha ido en aumento y se han tomado medidas políticas para reducirla, como la aprobación de la Directiva 2019/904 de la UE para prohibir algunos elementos de plástico de un solo uso a partir de julio de 2021 y la estrategia europea para los plásticos.

Reciclaje y circularidad

Incluir estrategias circulares a la hora de diseñar los plásticos es esencial. A este respecto, Bocken et al. (2016) definieron tres estrategias clave: (1) ralentizar el ciclo de los recursos, ampliando la vida útil del producto (reutilización); (2) cerrar los ciclos de recursos mediante el reciclaje de los mismos; y (3) reducir los ciclos de recursos, mejorando la eficiencia en su uso. Aunque la tercera estrategia no se considera estrictamente una estrategia circular, ya que puede aplicarse a modelos lineales, las otras dos son enfoques basados en la circularidad.

Centrándonos en el caso de las cajas de plástico reutilizables, estas ya están diseñadas para prolongar la vida útil del producto, al poder ser reutilizadas, mantenidas y reparadas; pero se ha publicado poco sobre su diseño para cerrar los bucles de recursos. Por ello, este artículo se centrará en la estrategia de reciclaje a la hora de diseñar las cajas de plástico reutilizables.

Según la definición de la Comisión Europea, el reciclaje es “cualquier operación de recuperación mediante la cual los materiales de desecho se vuelven a transformar en productos, materiales o sustancias, ya sea para los fines originales o para otros”. En función de la calidad del producto final, se pueden definir cuatro tipos de reciclaje (Merrington, 2011): (1) Reciclaje primario, o de circuito cerrado, en el que el material recuperado tiene la misma función que el virgen y se utiliza para los mismos fines; (2) Reciclaje secundario, o de circuito abierto, en el que el material recuperado se utiliza para fabricar otros productos con propiedades inferiores a las del original; (3) Reciclaje terciario, o químico, en el que se extraen sustancias químicas de los residuos plásticos y se utilizan para producir bienes de las mismas propiedades, y (4) Reciclaje cuaternario, que está relacionado con la recuperación de energía. Sin embargo, el reciclaje de residuos en la UE no contempla el terciario y tampoco el cuaternario.

Reciclaje post industrial y reciclaje post consumo

Además, en función de la procedencia del material, los plásticos reciclados se pueden clasificar por el origen del material, como post industriales (que se recogen en el fabricante) y post consumo. El reciclaje de plásticos post industriales tiene más ventajas ya que son más limpios, homogéneos y controlables, mientras que los plásticos post consumo son una mezcla de plásticos que deben ser clasificados entre reciclables y no reciclables, y limpiados adecuadamente para que puedan mantener una buena calidad para fabricar nuevos productos. Esto es aún más estricto cuando el material recuperado se utiliza para el envasado de alimentos, especialmente para aquellos que están en contacto con los productos, como revisan Matthews et al. (2021).

En el caso de las cajas de plástico reutilizables que se emplean en los sistemas de pool para la distribución de alimentos frescos, como los que integran la asociación ARECO, las cajas se reciclan una vez que se dañan (o partes de ellas) y llegan al final de su vida útil. Sin embargo, existen diferentes sistemas de reciclaje post industrial. Un sistema consiste en un reciclaje de circuito abierto, en el que las cajas se devuelven a los fabricantes, que las reciclan y utilizan los granulados secundarios para producir otro tipo de productos. El segundo sistema consiste en que los operadores logísticos devuelven las cajas a los fabricantes para su reciclado en circuito cerrado; en este caso, los granulados secundarios se utilizan para producir, parcialmente (con material virgen) nuevas cajas. El tercer caso es el circuito cerrado interno, es decir, el operador es capaz de reciclar y reutilizar completamente el material recuperado para producir el 100% de cajas nuevas, sin la participación de terceros.

En este caso, la cantidad de granulado secundario que sustituye al material virgen (ratio de sustitución) con la misma calidad es muy alta (97% para IFCO, 2017). Sin embargo, la literatura científica (es decir, Abejón et al. (2020) y Tua et al. (2019) ha utilizado comúnmente un valor medio de ratio de sustitución del 70%, tal y como publicaron Albrecht et al. (2013), quienes asumieron un reciclaje de bucle abierto. Además, todos los sistemas de reciclaje de ciclo cerrado tienen una aplicación totalmente alimentaria, como informa la EFSA, ya que utilizan cadenas cerradas y controladas.

En 2018, la Unión Europea estableció el objetivo de que “para 2030, todos los envases de plástico comercializados en el mercado de la UE sean reutilizables o puedan reciclarse de forma rentable”. En este sentido, cabe destacar que los actuales sistemas de pool ya están en línea con esta estrategia al fabricar cajas reutilizables y reciclables, y realmente avanzados para cumplir este objetivo.

Laura Batlle Bayer – Investigadora de la beca postdoctoral ARECO en la Cátedra UNESCO de Ciclo de ida y Cambio Climático de ESCI-UPF.