La transición hacia una economía circular tiene como objetivo cerrar los flujos de materiales para reducir los residuos, utilizar los recursos de forma más eficiente y minimizar los impactos ambientales. Pero ¿cuáles son las estrategias que pueden establecer las empresas para conseguirlo?

A este respecto, Potting et al. (2017) aplican un marco (Fig.1) útil para definir 9 estrategias R, agrupándolas en tres estrategias de circularidad principales, dándoles un orden de prioridad en base a los principios de circularidad. La primera estrategia es la fabricación y el uso de productos más inteligentes, lo que supone rechazar (R0), repensar (R1) y reducir (R3). El segundo tipo de estrategias son las que alargan la vida útil de los productos y sus partes: reutilizar (R3), reparar (R4), renovar (R5), refabricar (R6) y reutilizar (R7). Y, por último, el tipo de estrategias menos prioritarias son las que intentan encontrar una aplicación de los materiales a través del reciclaje (R8) y la recuperación de energía (R9).

Mientras en artículos anteriores hemos hablado de las ventajas de reciclar las cajas de plástico y de los beneficios medioambientales de la reutilización de las cajas de plástico, este artículo se centrará en la estrategia de la reparación.

Como se ve en la figura 2.1, la reparación tiene mayor prioridad que el reciclaje cuando se busca aumentar la circularidad. La Comisión Europea define la reparación como “la capacidad de restablecer la funcionalidad de un producto tras la aparición de un fallo”. Al diseñar productos reparables, se amplía el ciclo de vida de los productos, con la consiguiente reducción del consumo de materiales y las cargas medioambientales asociadas. Pero ¿cómo podemos evaluar la reparabilidad de los productos?

Además de los métodos cualitativos basados en los requisitos de ser apto/no apto para evaluar la reparabilidad de los productos, la Comisión Europea ha desarrollado el Sistema de Puntuación de Reparación (Cordella et al. 2019). Este se basa en tres pilares.

– Primero, se centra en las partes del producto que son más importantes para ser reparadas debido a su principal funcionalidad y/o su probabilidad de fallar.

– Segundo, se definen aquellos parámetros clave que influyen en la reparación de los productos, como la disponibilidad de piezas de repuesto, la facilidad de acceso a las piezas, la información sobre la secuencia de desmontaje y la disponibilidad.

– Y tercero, se define el sistema de puntuación basado en los parámetros técnicos seleccionados.

Aunque aquí no trataremos en detalle este marco, cabe destacar la utilidad de su versatilidad ya que puede adaptarse a distintas categorías de productos.

El 96% de las cajas de plástico reutilizables se reparan

Aumentar la durabilidad y la reparabilidad de los productos es crucial para lograr una economía circular y sostenible (Maitre-Ekern et al., 2020). La reparabilidad es un aspecto inherente a las cajas de plástico reutilizables (CPR), como las que utilizan los socios de ARECO para las cadenas de suministro de productos frescos. Las CPR plegables son fáciles de reparar, pudiéndose sustituir las partes dañadas sin tener que desechar el resto del producto. En última instancia, las partes que no pueden repararse se reciclan para producir nuevas cajas. En general, alrededor del 1% de las cajas de plástico reutilizables utilizadas en un año para transportar productos alimentarios frescos se dañan, y el 96% de ellas se reparan.

En el caso de los productos de consumo, hay novedades en la legislación Europea en materia de reparabilidad. En octubre de 2019, la Comisión adoptó 10 medidas dentro de la Directiva de Diseño Ecológico (2009/125/CE) que incluyen requisitos de reparabilidad y reciclabilidad para los bienes de consumo. Estos requisitos se conocen como normas de “derecho a reparación“, que se aplican a lavavajillas domésticos, lavadoras, frigoríficos, pantallas electrónicas y fuentes de luz.

A partir de abril de 2021, los fabricantes de estos productos en el mercado Europeo deberán cumplir los siguientes requisitos (1) garantizar la disponibilidad de piezas de repuesto para reparaciones profesionales durante cierto tiempo y dentro de un plazo de entrega máximo especificado de 15 días; y (2) dar acceso a la información sobre reparaciones tanto a los profesionales como a los usuarios finales.

Estos requisitos están en consonancia con los tres principales aspectos que influyen en la elección de la reparación de los consumidores, en lugar de la sustitución de los productos (Cordella et al. 2019): (1) el coste (los productos se reparan cuando el coste de reparación es un 30-40% inferior al precio de venta), (2) la esperanza de vida (la “disposición” de los consumidores a reparar disminuye cuando se acerca a la vida útil esperada) y (3) el tiempo para llevar a cabo una operación de reparación (siendo aceptable por los consumidores entre 1-2 semanas).

En general, el diseño de los productos es clave para garantizar productos duraderos y reparables. Aunque la normativa Europea empieza a centrarse en los bienes de consumo, es necesaria una visión más amplia, como en el caso de las cajas de plástico reutilizables en las cadenas de suministro de alimentos. Al diseñar cajas plegables y fácilmente reparables, se alarga la vida útil de los materiales, impulsando de este modo la Economía Circular.

Laura Batlle Bayer – Investigadora de la beca postdoctoral ARECO en la Cátedra UNESCO de Ciclo de ida y Cambio Climático de ESCI-UPF.