Bajo el título “Evaluación del Análisis del Ciclo de Vida (ACV) de los envases de alimentos y bebidas”, el programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP) estudia en este informe cómo la aplicación del análisis del ciclo de vida a los sistemas de envase y embalaje de alimentos es la mejor herramienta para determinar su impacto medioambiental.

Así, según UNEP, “cuando se busca optimizar el impacto medioambiental del embalaje, es importante considerar el ciclo de vida completo de ese producto, desde la extracción de las materias primas que se utilizan en su fabricación hasta su destrucción o eliminación, y no sólo atender a una única característica del envase y/o a una sola etapa del proceso”.

En este sentido, los análisis de ciclo de vida ayudan a pasar de una visión centrada en una única característica medioambiental –por ejemplo, el material del que está fabricado el envase- a una visión completa. En el caso del material, el plástico ha sido tradicionalmente cuestionado por no ser biodegradable; sin embargo, si se analiza el ciclo de vida del envase de plástico, se comprueba, por ejemplo, su durabilidad y sus posibilidades de reutilización, lo que permite ahorrar recursos porque se necesita fabricar menos envases.

En cualquier caso, el informe de UNEP deja claro que “no existen datos generales sobre lo que hace preferible un sistema de envasado sobre otros en términos de materiales o atributos de diseño”. De ahí que aconseje el ACV para realizar las evaluaciones y comparaciones que permitan decidir sobre el empleo de uno u otro sistema de envasado en función del producto que se vaya a envasar o de la cadena de suministro correspondiente.

Sin embargo, UNEP sí señala que, “si se aplican los criterios de la gestión de residuos, la reutilización es preferible al reciclaje o la incineración”. Así, en una comparativa entre envases reutilizables y de un solo uso, según UNEP, “los reutilizables pueden tener menos impacto medioambiental que los de un solo uso”.

 

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