El concepto de Economía Circular (EC) es relativamente nuevo, siendo en 1990 la primera vez que se definió y describió como tal por Pearce and Turner (1990). Sin embargo, el concepto quedó en letargo durante unos 20 años (Elkins, 2019), y no fue hasta la creación de la Fundación Ellen MacArthur (FEM) en 2010 y su publicación “Towards the Circular Economy”, en la que se evaluaron los beneficios empresariales y económicos de los modelos de negocio circulares, cuando el concepto tuvo mayor repercusión.

Desde entonces han proliferado las definiciones de qué es la economía circular. Kirchherr et al. (2017) encontraron 95 definiciones distintas, 83 de las cuales se publicaron después de 2012. Mientras que el concepto de la economía circular engloba distintas estrategias R, como son la Reducción, la Reutilización o el Reciclaje, entre otros (ver noticia anterior), no todas las definiciones las incluyen todas. Por ejemplo, Kirchherr et al. encontraron que solo el 54% de definiciones consideran la Reducción, el 74% la Reutilización y el 79% el Reciclaje. Esta diversidad en definiciones crea un reto a la hora de evaluar la circularidad, ya que distintos conceptos conllevan distintas metodologías de evaluación y, en definitiva, distintas interpretaciones.

Para evaluar la circularidad, los indicadores son la herramienta principal. Estos permiten cuantificar la contribución, por ejemplo, de productos o servicios a la economía circular, evaluar el progreso de estrategias circulares, establecer nuevos objetivos, apoyar en la toma de decisiones, así como comunicar e informar. Desde la primera publicación con un indicador específico para la economía circular en 2010 (Li et al. 2010), han surgido una gran diversidad de indicadores. Saidani et al. (2019) evaluaron 55 indicadores, publicados desde 2010 hasta 2017, y los clasificaron en función de 10 características de circularidad. De estas diez, las más importantes son:

  • el nivel de alcance de los indicadores, es decir, si se aplican a nivel de productos o empresas (nivel micro), o a niveles superiores como son parques industriales (nivel meso) o a ciudades, regiones o países (nivel macro);
  • el tipo de bucles que consideran; en concreto, si consideran mantener, reutilizar/refabricar y/o reciclar; y
  • cómo evalúan el desempeño circular; distinguiendo entre indicadores que evalúan la circularidad inherente de los recursos y los que evalúan las consecuencias de la circularidad, es decir, los impactos ambientales y/o económicos de la misma.

A partir de esta clasificación, los autores crearon una herramienta en Excel de fácil uso, con la que el usuario, después de seleccionar distintas opciones dentro de cada categoría, obtiene una lista de indicadores recomendados. Para el caso de ARECO, hemos  evaluado el resultado de esta herramienta; teniendo en cuenta que nos interesa un indicador de nivel micro (al centrarnos en la circularidad de las Cajas de Plástico Reutilizables, CPRs), que evalúe la circularidad inherente (ya que el impacto ambiental fue evaluado con anterioridad) y que considere la reutilización como bucle clave, o todos los bucles. De los 20 indicadores micro, el Indicador de Circularidad de Material (ICM) ha resultado ser el recomendado.

El ICM es un indicador que fue desarrollado en 2015 por la FEM y Granta Design, en un proyecto LIFE+ de dos años. Evalúa el nivel de linealidad y restauración que tiene la fabricación y el uso de un producto, así como su tiempo de uso y utilidad con respecto a un producto promedio en el mercado actual. Los pilares del ICM son la definición de EC de la FEM[1] y los dos ciclos que la FEM considera que tienen los modelos circulares (véase Ilustración 1): los ciclos biológicos, en los que los materiales no tóxicos son restaurados en la biosfera; y los ciclos técnicos, en los que los productos, componentes y materiales son recuperados en el mercado con la mayor calidad posible y por el mayor tiempo posible.

En el marco de la Beca postdoctoral ARECO se está trabajando en adaptar el ICM para evaluar la circularidad de las cajas de plástico reutilizables, incorporando los beneficios asociados a la reutilización. Los resultados del estudio, previsto para finales del próximo mes de septiembre, pretenden aportar resultados y novedades metodológicas que puedan ser aplicadas también a otros productos reutilizables.

[1]Una economía circular es un modelo económico global que disocia el crecimiento económico y el desarrollo del consumo de recursos finitos. Es reconstituyente por diseño, y tiene como objetivo mantener los productos, componentes y materiales en su máxima utilidad y valor, en todo momento

Laura Batlle Bayer – Investigadora de la beca postdoctoral ARECO en la Cátedra UNESCO de Ciclo de ida y Cambio Climático de ESCI-UPF.

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